| En
el cómic español también existen monstruos
venidos de una dimensión onírica, pesadillas horribles,
extraterrestres gamberros, mundos extraños y violentos, personajes
surrealistas, escenarios dignos de la mejor película de ciencia
ficción, situaciones inverosímiles y gatos, muchos
gatos. Todo eso y mucho más salió de la fascinante
laguna mental de Josep María Beá, un barcelonés
atípico que nació en 1942 y vive en el tranquilo barrio
de Sants junto Marian y su gata Sheena, en honor a los Ramones.
Hombre calmado, irónico, sorprendente y revolucionario, al
que la edad tranquiliza pero no cambia. Multifacético, con
fijación por los gatos, coleccionista de objetos y artilugios
extraños. Admirado por sus compañeros de profesión,
amigo indispensable para una buena juerga. Muchas veces sorprendía
con sus desapariciones, épocas de intensa actividad creativa
en las que vaciaba su imaginación en viñetas. Ha maravillado
con su enorme talento a los lectores de cómics de muchos
países con obras como Historias de la Taberna Galáctica,
Un lugar en la mente, Siete Vidas o La muralla, entre otras. También
llamó la atención de muchos guiris en la Costa brava
con su combo musical aunque esa es otra historia. Comenzó
trabajando a los 16 años para Selecciones ilustradas, con
guiones de encargo, hasta que se hartó y se dedicó
a la pintura. Pero le pudo el gusanillo del cómic. Primero
fueron sus terroríficas historias góticas para Drácula,
en España, pero sobre todo para USA y las publicaciones de
James Warren o para los Humanoides Asociados franceses y su Metal
Hurlant. Ganó premios al mejor dibujante y guionista de la
Warren Publishing. Después vino su incursión en una
particularísima ciencia ficción, en las revistas del
editor Josep Toutain, 1984 y Zona 84, donde también recibió
merecidos reconocimientos. Por último probó compaginar
el mundo editorial y el artístico con Rambla y su propia
editorial Interimagen S.A, pero no quedó nada satisfecho
y estuvo a punto de cantar el Jailhouse rock. Fue uno de los protagonistas
del boom del cómic que poco a poco se extinguió. Con
la intención de mantener un buen recuerdo del cómic,
medio en el que consiguió tantas satisfacciones y sinsabores,
fruto de muchos años de contacto, decide abandonarlo para
dedicarse a otros asuntos. Actualmente está muy involucrado
en proyectos publicitarios y de ilustración, pero su mayor
ilusión es el cine. Desgraciadamente el proyecto del que
nos habla, un guión para una película de terror, escrito
junto con el psicotrónico Rubén Lardín, fue
rechazado en Sundance. Ya se sabe, películas de gays y bolleras
que comen gelatina como dicen en South Park. Esperemos que algún
productor se fije en ellos y tengamos de nuevo a Beá sacudiéndonos
la cabeza. Aunque tal como está la cosa y con el olor a rancio
que se respira... De todas maneras, tenemos sus cómics para
comprobar cómo funciona un creador coherente que sin embargo
vive a unos centímetros de la realidad para guardar las distancias.
Sus historias son innovadoras, siempre variando registros para experimentar
y con una manera de narrar muy personal. Todo en él parece
nuevo, porque no hay otro Beá.
UN
OFICIO MUY DURO
Llevas
años alejado del medio, ya casi 17, pero supongo que no se
te habrá olvidado qué es el cómic...
Buena pregunta, es un medio de expresión como otro, en el
que a diferencia del cine implica mucho trabajo, por parte del que
se dedica a esta profesión tan exótica, porque tiene
que hacerlo él solo, todo no dispone de extras, de decorados,
tiene que dibujar, tiene que hacer el guión, si es que es
guionista. Y es un medio de comunicación tan importante como
el cine o la literatura, o al menos eso creía, ahora la tengo
un poco devaluada esta opinión.
Entraste en la editorial de Toutain muy jóven, ¿cómo
recuerdas aquella etapa?
Toutain lo considero un poco como mi padre artístico, me
quería mucho, yo era un chavalín, tenía 14
años cuando lo conocí, me
llevó mi padre de la mano, yo iba al colegio, estaba estudiando
bachillerato y entonces me llevaron a aquel estudio que llegó
a congregar a más de 50 o 60 dibujantes y aquello era un
poco campo de concentración donde se gastaban bromas terribles
que son las que aparecen en el libro Los Profesionales de Carlos
Jiménez. Yo era un apasionado de todo lo que giraba en torno
al mundo del cómic y tenía muy claro que yo quería
ser dibujante de cómic y allí nos conocimos todos
los que luego fuimos dibujantes, muchos desaparecieron en el sentido
de que se dedicaron a otras cosas y otros desaparecieron por la
gracia de dios y ahora están en el cielo, pero había
un ambiente bastante duro en selecciones, había mucha competencia,
se fomentaba unos ciertos celos profesionales entre la gente y sobre
todo se hacían unas putadas increíbles la gente, era
como la novatada, tenías que pasar la novatada, a mí
me dijeron que tenía que pegarme una paliza un boxeador y
me lo creí, entonces me dijeron, o te dejas pegar esa paliza
o no serás dibujante de cómics, yo quiero ser dibujante,
quiero que me peguen la paliza y al final se descubrió que
era una broma pero ha sido uno de los días de mi vida que
más miedo pasé porque había un montaje tan
rico, había gente tan imaginativa en aquel estudio que uno
se disfrazó de boxeador con los guantes de boxeo, me llamaron
para la prueba y al final nada, todo quedó en una broma pero
era durillo el ambiente. Ahora eso sí, aprendimos el oficio.
Después ya en aquella época trabajábamos con
guiones de encargo franceses, ni firmábamos, luego pasamos
al mercado inglés para el adolescente y todo el grupo de
revistas adolescentes inglesas y luego ya vino la época que
Toutain visita USA y contacta con J. Warren y aquí ya es
otra historia.
¿Qué te encuentras en tus inicios profesionales?
¿En qué situación se encontraba un dibujante
allá por los años 60?
Las condiciones de la época eran precarias, no sabíamos
nunca donde iban a parar los originales ni donde se publicaba. El
agente era el dios y los dos teníamos un hambre insaciable
de
publicar. No nos importaba que aquello se vendiera en varios países,
no se firmaban contratos y en muchas ocasiones no nos dejaban firmar
porque en muchos países había problemas con los sindicatos
y se suponía que aquello que aparecía en las revistas
estaba dibujado por autóctonos y no querían como en
el caso de Inglaterra, no querían que apareciesen dibujantes
españoles. Las condiciones eran muy malas, los precios ...
Hasta que no entramos en el mercado, bueno en el inglés funcionaba
económicamente, pero hasta que no entramos en el mercado
americano las condiciones no eran muy buenas. Siempre mucho mejores
que las españolas y creo que se inicia una nueva tendencia
con una revista que se llama Drácula, creada por Luis Gasca
que decide por fin utilizar el cómic como medio de comunicación
de ideas, algo trasgresor, donde uno puede opinar sobre conceptos
ideológicos y el cómic deja por fin de ser considerado
un subgénero a ser algo que admite reflexiones y algo más
sólido
Fuiste alumno de varias escuelas de arte, abandonando el
cómic ¿cuándo decides dedicarte de lleno al
cómic otra vez?
Estudié primero en BCN en la escuela de artes y oficios en
el 66/67 estaba bastante harto de la historieta porque yo quería
hacer mis propios guiones y en aquellos tiempos aquello era imposible.
Al trabajar para otros países, tenías que aceptar
guiones de encargo, entonces conocí a varios pintores de
aquí de Barcelona.Había un núcleo importante
de gente con marcha y enrollados y me apasioné por la pintura
y me fui a París. Estudié en la escuela de Bellas
Artes de la academia Julien, pero llevaba el gusanillo del cómic
y al volver fue cuando contacté con Luis Gasca, Enric Sió
y Maroto, fundamos la revista Drácula que fue la primera,
por lo menos en mi caso oportunidad para publicar mis guiones, primero
fue con L. Vigil pero luego ya hice mis propios guiones y esto funcionó
muy bien. Aquí empezó ya el movimiento del cómic
de autor donde uno podía controlar completamente todo.
En esos momentos en que te hartabas de la historieta o cuando
lo dejaste definitivamente, ¿Cuáles eran los motivos
para abandonar algo que tanto te atraía desde pequeño?
Si me harté de la historieta fue al principio cuando
estaba sometido a guiones de otras personas. Pero a medida que fueron
pasando los años, cada vez tuve más libertad y si
dejé el cómic, fue creo en el 85, era porque me había
dado ya tanto que quise mantener este recuerdo de una aventura muy
bonita y quise cerrar este libro de un sueño que funcionó
y que las expectativas fueron mucho más altas de lo que me
había imaginado inicialmente. Entonces no es que hubiera
tocado techo, o sí toqué techo y descubrí mis
limitaciones, dije ya está, he llegado aquí y se que
más no voy a poder, por tanto repetirme sería eso,
una repetición, una pérdida de tiempo. Por ejemplo
a mí se me instó en varias ocasiones a hacer una segunda
parte de Historias de la Taberna Galáctica, intuí
que hubiera sido un desastre, dejé un buen sabor de boca
a los lectores con la Taberna Galáctica y lo cerré
cuando estaba teniendo más éxito con ella y Toutain
me dijo cómo haces esto ahora que está funcionando
tan bien, no es que quiero tener el recuerdo de que está
gustando y seguir provocará un descenso, vendrá una
caída, te vas desmotivando y bueno, así acabó
la historia.
Toutain proyectó vuestro trabajo hacia el exterior,
en plena dictadura ¿crees que hizo bien su trabajo?
Sí, por supuesto, Toutain es un referente ineludible en la
historia del cómic de este país, fue la persona que
más ha hecho, ha sido la persona que más ha hecho
por los cómics. Pensad que Toutain a los 21 años decide
coger una carpeta e irse a París y plantar allí en
la mesa del primer editor que encuentra originales de dibujantes
españoles, esto en aquella época, ahora puede resultar
de lo más banal, pero en aquella época era propio
de salir en el National Geographic, agente se presenta en París
con dibujos de dibujantes españoles. La cuestión es
que vino con una maleta de guiones y así empezó lo
que sería la manipulante agencia de distribución,
producción de cómics. Él llegó a tener
el mercado francés, luego el inglés y finalmente el
americano a través de James Warren y considero que gracias
a él nos han conocido en todas partes, hubo una época
que nos conocieron en todas partes, lo que pasa es que en el fondo
él era un artista, había sido un dibujante y eso es
incompatible el sentido artístico que pueda tener una persona
es incompatible con el industrial, comercial y al final se arruinó
¿Cómo se desarrollaba el trabajo en selecciones
ilustradas y Toutain editor?
Bueno había una fórmula que consistía en aprender
copiando, es decir tú llegabas allí, te sentaban en
una mesa y te decían empieza a copiar de Alex Raymond, Frank
Robbins, de Harold Foster, de Dan Barry, de Stan Drake y cuando
llevabas 15 días a base de copiar y copiar y copiar te daban
un guión francés para la editorial Artima que las
exigencias eran mínimas y entonces si la historieta era de
ciencia ficción copiabas Flash Gordon, si era deportiva copiabas
a Joe Coleman Murphy, el boxeador, si era romántica a Julliet
Jones de Stan Drake y no importaba que el plagio fuera exacto lo
que sí importaba era al editor, que aquello podía
comprarlo a precio de rebajas de almacenes. Eso generó un
aprendizaje, fuimos aprendiendo el oficio, fueron los primeros años
de vuelo y poco a poco estos estilos que aprendimos de esta gente
genial americana fue quedando un poso, pero poco a poco iba aflorando
el estilo propio. Esa era la técnica copia de Robbins, Milton
Cannif y esta gente que tienen las claves, la fórmula y Toutain
no admitía que nadie aportara su propio estilo, tenías
que pasar por ese filtro, era un poco bastante duro.
¿Qué aportáis los dibujantes de tu
generación: C. Giménez, Fernández... al cómic
español?
Nosotros teníamos, yo por lo menos, un gran desprecio por
lo que se estaba haciendo en este país, con toda mi admiración
por la gente que se dedicaba a esto en este país que los
pobres...eran dibujantes de generaciones anteriores a la mía,
de la editorial Maga y Bruguera no me gustaba. Todo esto de los
capitanes “lamparilla” y Roberto Alcázar y pedrín,
no me gustaba. En el momento en que descubro lo que se está
haciendo en USA, veo que eran profesionales que no aportaban nada.
Yo quería dibujar como estos animales americanos, estos bestias
artísticas, y quizá lo que nosotros aportamos al cómic
de aquella época fue el entusiasmo para crear algo nuevo
o una fusión entre lo paupérrimo que teníamos
aquí y la riqueza del cómic dorado de los 50 americano.
ESCÁNDALO PÚBLICO, AMERICANOS; EL BOOM Y LAS
REVISTAS
¿Cómo
viviste
la transición y el boom del cómic? ¿Qué
recuerdas de todo aquello?
Muy
bien Toutain estaba preparado para sacar sus primeras revistas.
Editó 1984, luego Cómix internacional y allí
tuve la posibilidad de poder hacer mis propios guiones y darme cuenta
de que había un sector del publico español que le
interesaba y lo vi muy claro. Bueno tuve problemas con la administración,
fui denunciado por escándalo publico por una historia que
hice para Muchas gracias, se me inhabilitó por varios años
para el ejercicio de la historieta. Fue el típico puro que
recibían los del Papus el Por favor, gente como Perich, Jan,
Ivá y toda esta gente. Era la transición pero lo que
era el sistema judicial seguían siendo los mismos, el mismo
aparato.
En ese momento, estabas ya colaborando con James Warren
y sus revistas ¿no?
Fue una maravilla la transición pero yo tengo mejor recuerdo
de mi etapa americana, de cuando llega Warren y me contrata para
trabajar en sus revistas Creepy, Eerie y Vampirella y allí
sí que por primera vez, creo que fui el
primer español que le permitieron hacer un guión para
sus revistas. De repente me encuentro compartiendo revista con gente
que yo había admirado mucho: Alex Toth, Berni Wrightson,
Gene Colan...
¿Y qué supuso ese encuentro para ti?
Pues, de repente salirse un poco de la caspilla que había
por aquí y darte cuenta que estabas trabajando con mitos:
Frazetta, Jack Davis ... Esto es ya mitología lo que voy
a contar, es patológico ... Recuerdo que en un Creepy, mi
gran ídolo que era Alex Toth coincidimos en una misma revista,
¡la última página de mi historieta estaba en
el anverso del dorso de la primera pagina de su historieta! ¡Fíjate
si estaba atontado en esta época por poder trabajar con gente
de este calado que cuando vi que en una hoja había una pagina
de Alex Toth y otra mía, y veía como la tinta la historieta
se fusionaba con la mía y pensaba ¿cómo he
conseguido esto? ¿cómo he podido llegar a semejante
cosa? ... y se ve la cara de este personaje ... Esto dice de lo
paranóicos y esquizos que somos los que elegimos esta profesión.
¿Te propuso Warren la posibilidad de hacer tus propios
guiones?¿Qué tal los fans americanos, se fijaban en
tu trabajo?
Estaba un poco cansado de ilustrar guiones y le propongo a Warren
la posibilidad de ilustrar mis propios guiones, a partir de entonces
siempre ilustré mis propios guiones y tenían bastante
éxito, porque el goticismo que a mí me era fácil
porque había nacido en una tierra en que hay ancestros arqueológicos,
ellos no lo tienen. Alex Toth es un gran dibujante rectilíneo
digamos, a él no le cuesta nada dibujar rascacielos y sin
embargo a mi me cuesta mucho. Aquellos dibujantes eran capaces de
dibujar un castillo medieval pero yo lo he tocado, lo he visto y
esto llegaba al público americano ellos percibían
esto y en el 73 recibí un premio al mejor dibujante y guionista
del año.
Durante el boom del cómic de los 80, surgían
muchísimos autores y dibujante, el cómic se hizo adulto.,
se vendían muchas revistas, había muchos teóricos,
¿qué opinas de la intelectualización del medio?
Hubo una época en que, el dibujante de historietas, era propiamente
esto dibujante de historietas de tebeo y no aspiraba más
que a seguir dibujando historietas del oeste, bélicas, románticas,
adaptaciones de Jack london, pero de repente hay un boom en que
un señor que se llama Humberto Eco escribe apocalípticos
e integrados y hace un planteamiento muy exhaustivo de las posibilidades
que tiene el cómic como medio de comunicación de masas
y se teoriza de tal manera con una intelectualización desbordada
y se suben a ese tren todos los que quieren mostrar su inteligencia
universitaria y aquí la cosa descarrila un poco. Empiezan
a montarse en este tren que te he dicho gente que no tenía
mucho valor lo que cuentan, es casi ininteligible, y el lector se
aburre. Otros fueron muy honestos y el cómic se hizo adulto
y llego a capas más altas y pasó de la franja de los
quince años a la etapa adulta de los lectores. Pero como
te he dicho antes eso dio pie a que se olvidara de la gran franja
de lectores muy jóvenes que se aburrían con la lectura
de lo que habían leído hasta entonces: Guerrero del
antifaz, Capitán Trueno y de repente se encuentran con adaptaciones
de Kafka, de Giovanni Papini y con elucubraciones que no sabías
si se había alterado el orden de las paginas a conciencia
o que hubo autores que alcanzaron cotas muy importantes que usaron
el comic para comunicar ideas filosóficas estoy de acuerdo
con esto.
Vamos a hablar de algunas revistas españolas en las
que trabajaste...
1984 y ZONA 84
Ambas son revistas que nacen en USA y Toutain obtiene los
derechos para España. Toutain cree que por primera vez hay
suficiente calidad o el suficiente interés por parte de un
público, que puede ser rentable una revista de estas características
cuando en aquel momento, era el 81, no había precedentes,
entonces nos reunió a una serie de autores, Victor de la
Fuente, Luis García, Pepe González, Fernando Fernández,
Laura León, Richard Corben ... nos pareció muy interesante
poder hacer lo que quisiéramos, teníamos cada uno
8 páginas y había la previsión de que esas
historias saldrían publicadas en la Metal Hurlant francesa
de humanoides asociados y la Heavy metal americana, eso permitía
trabajar con una gran estabilidad economica. Cada página
se vendía en varios países y se rentabilizaba en varios
paises y era un oficio muy lucrativo no como ahora.
RAMBLA
Rambla fue el cénit, es decir, en un momento en que 1984
y Cómix internacional que fue la segunda revista que sacó
Toutain que funcionaba maravillosamente, la revista de Norma, que
era Cimoc y funcionaba bien, también, entonces trabajábamos
en todas. Un día Carlos Giménez, Luis García,
Usero, Font y yo, nos reunimos y decíamos por qué
no editamos nuestra propia revista. Buscamos un editor, Roberto
Roca, de Metal hurlant ,en Madrid y le proponemos que el financie
la revista y surge Rambla. Al cabo de tres o cuatro meses, nos damos
cuenta que el dibujante tiene que dibujar y dejar la parte administrativa
a profesionales, pero así y todo fue una experiencia interesantísima
de la cual guardo un buen recuerdo aunque la cosa acabó bastante
mal. Del primer numero sacamos 70.000 ejemplares y se vendieron.
Esto ahora parece ciencia ficción. Eso permitía pagar
muy bien, pagábamos mejor que lo que podría pagar
cualquier editor porque éramos artistas y ¿cómo
podías pagarle poco a un colega? y eso fue lo que nos arruinó.
En vez de comprar papel barato, pagar poco y retorcerles el pescuezo
lo que hacíamos era pagarle mucho y comprar los mejores materiales.
Esto lo que hacía era ir en contra de los postulados de la
economía de empresa y al final había más gastos
que ingresos. Estuve en Rambla hasta, creo que el número
veintitantos y luego ya salí de la sociedad y Luis García
siguió medio año más. Nos arruinamos empezamos
sin una peseta y al cabo de dos año debíamos veinte
millones, trabajando como esclavos, con una gran ilusión,
trabajando día y noche, haciendo quizás la mejor revista
de aquel entonces, llegamos a amasar una deuda, no una riqueza,
tan importante que casi acabamos en la cárcel. La lectura
es dedícate a dibujar y que el asunto económico lo
lleve un tío que sea un zorro de la economía y de
los números. Nosotros llegábamos a la imprenta veíamos
un papel cuché excelente, ¡Caramba con este papel se
va a vender el doble! y era al revés. El editor, un Toutain,
compraba un papel de saldo echo con extraños residuos, cosas
que a nosotros nos parecían miserables y pagábamos
encima de más, nos engañaban. Fue la ruina de la revista
y luego coincidió con la decadencia del resto de revistas
y que empiezan a aparecer nuevos sistemas de evasión como
pueden ser los ordenadores, videojuegos, la tarta del ocio ya se
reparte. No como en los primeros años ochenta, que el cómic
era una gran fuente de ingresos para sus profesionales. |